
Génesis
Un disco donde el vacío respira: la materia se abre para dejar pasar la luz.
Catálogo de obra · MMXXVI
Catorce piezas únicas en bronce, acero y mármol — donde la materia aprende el gesto de la mano que la abrió.

Tres figuras que se miran a través del tiempo: la memoria de un linaje.
La obra de Roberto Claussen habita el punto exacto donde el bronce deja de ser metal y empieza a ser gesto. Formas que parecen recordar el mar, el cuerpo, la semilla — y que, sin embargo, no representan nada salvo su propia tensión entre la luz y la sombra.
Cada pieza es un original: fundida a la cera perdida, patinada y pulida a mano hasta que la materia aprende a respirar. Este catálogo reúne catorce de esas respiraciones, ordenadas no por fecha sino por materia.
El bronce recuerda el gesto de la mano que lo abrió.

Un disco donde el vacío respira: la materia se abre para dejar pasar la luz.

La masa se vuelve ingrávida; una criatura suspendida entre el peso y el vuelo.

Una estrella que estalla en el instante exacto antes de detenerse.

Una columna viva, articulada por una línea negra que la recorre como un nervio.

Arcos que se abrazan: el gesto silencioso de un paso hacia adentro.

Una llama detenida, partida en dos para revelar su núcleo dorado.

El tiempo enroscado sobre sí mismo: caracolas grabadas en una figura erguida.

Un remolino solar; la superficie gira y arrastra la mirada hacia su centro.
El metal pulido no refleja: respira luz.

El movimiento del agua congelado en plata espejo sobre una base de oro.

Una formación en plata: la geometría del movimiento de un cardumen.

La materia aprende a brillar dentro de lo oscuro.
Lám. 06 · Resonancia · Bronce, relieve mural

Cientos de peces forman un anillo: el banco entero respira como un solo cuerpo.
La pared también puede ser una partitura.

Cintas de acero que ondulan en la pared como una partitura de sombras.
Toda pieza nace en cera. El modelo se viste de un molde refractario, el metal se vierte al rojo y la cera se pierde para siempre: por eso cada fundición es irrepetible.
Después llega la mano. La pátina se aplica al fuego, capa sobre capa, hasta encontrar el tono exacto del bronce; el acero se lleva al pulido espejo; el conjunto se asienta sobre mármol o granito negro.
